Edgar Alfaro Chaverri

A propósito de Dios

¿Por qué escondes tu rostro,
olvidado de nuestra persecución
y de nuestra opresión?
Ernesto Cardenal


¿A qué diablos juega Dios con nosotros
sino a la gallinita ciega?
¿A qué santo y seña obedece su silencio?

Dios, en su aposento de once mil vírgenes, teje y desteje
su melena de astros, pone en remojo su barba creativa,
se frota los ojos y bosteza; luego afina la mirada
y prosigue viendo a los actores (la película —piensa—
está por terminar, claro, él hizo la filmación, y sabe,
como es de suponer, todo al respecto); ocurre
que hará correcciones para la siguiente puesta en escena
y no quiere errores al interpretar la historia…

Pero Dios, Dios debe tomar en cuenta algunas cosas,
cosas aparentemente tan triviales, como lo es hablar
de las uñas por ejemplo, pero no de su inoficioso cuido estético
sino del dolor que provocan los alfileres de la tortura bajo ellas,
las que se han forjado en manos del obrero que sin tanta paja,
se sabe el libreto de pe a pa, y que por no dejarse exprimir,
es víctima del escarnio acomodado…

Dios debe tomar en cuenta algunas cosas, cosas tan serias,
como que el problema no está quizá del todo
necesariamente en él, sino en Hollywood… etc. etc. etc.