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Ernesto Bautista

La confesión: Negaciones sobre un sueño

Dudé un instante
y en ese instante fui sincero.
Te quise decir demente
en este viaje
pero puedo verte:

Esta vez estoy
desparramado en un espejo roto
reflejado y lleno de silencio.

Te veo vencido
y me veo en tus cenizas
cavilando y lleno de olvido.

No somos más que espuma a merced del soplido.
No somos más que la belleza de la pausa,
y el astro que se cansa y se oscurece.

(De Silencio: Puertas dormidas)

Wingston Gonzalez

TÓCAME/ MÍRAME/ VUÉLAME

siente con los labios/ escamas en mi piel
la gloria conmovida
que es de las sirenas extranjeras para Ulises
que extranjero es en todas partes
menos aquí
que siempre no es
que alza la mano derecha hacia el sueño
y el crepúsculo le escapa
rumbo a las cruces sembradas
por extranjeros
por muertos que abren las bocas
en espera del ídolo ciego
que a los hombre nubes ama
que a los hombre bestias anhela

(Búscame entonces Ulises
en la discoteca del pueblo
Donde extranjero ninguno es
y si arde se mide
cual hombre sin más cauce
que el silencio)

Marvin S. García

Soledades

Buscó en el periódico las huellas
paternales que resisten su noche
bajo la cama suspendida en el silencio
clamó por el ayer y las respuestas
a su lección, a sus mariposas de júbilo
a su carne franca
se detiene en su claustro ante la tierra que se abre
y entierra en sollozos
la música perdida en las ojivas de su tráquea
la tinta amarga mastica
y canta la dulzura y el cansancio
un niño come todas las letras
la piel se va tiñendo
y la sombras
miran al grillo por la ventana.

Pablo Benitez

Miedo

breve sueño el que nos queda
la noche tiembla
retumba en las paredes
un ruido de cuerpos

si Rubén estuviera,
tomaría agua
o fuego
y encendería la luz
para observar,
fijo,
el movimiento de los muertos

pero el agua es escasa,
la sed nos cubre,
el hambre fermenta

en esta terrible caverna,
ochocientas osamentas están bajo las piedras

es la señal de la tiniebla,
habrá que mantener abierta la puerta

(De Después de la nada)

Tania Molina

Deja su huella,
afirma su paso,
la voz inconfundible
de la vida,
y aunque confusa
vibra en mi garganta
de hueso
tranquila va por esos
tubulares parajes
abriendo de para en par
ventanales de conciencia,
persevera su paciencia
para mostrar el camino
que conduce, circulando,
al universo.

He traído aquí este verso
después de jugar con ella,
la voz deja aquí su huella
y se apresta a descansar.

Eleazar Rivera

Eco del retorno

Los muertos abandonan sus féretros. Se cansan de la soledad. Extrañan el fútbol y las tabernas. Traen guirnaldas hechas de espejos y las colocan en la entrada de alguna ciudad oxidada por el tiempo. No distinguen el humo asfixiante de una guitarra ni los acordes de una fogata. Se sientan en la plaza central a reír por las lágrimas de la memoria. A veces, se cansan de estar muertos y no tener camino de retorno. No encuentran los esqueletos y la ceniza de sus cuerpos. Están cansados del yunque que martilla; del campanario sin iglesia y del árbol que languidece junto al invierno.

(De La ciudad del contrahombre)

Neida Perez

De Pasarela

Exuberantes se pasean las garzas
contoneando su plumaje
libre de silicona;
tal como Dios las trajo al mundo.

Abren sus alas
y estiran sus largas piernas
preparándose como para
un desfile de modas;
show de gala, apertura de verano

…y hacen su debut
caminando sigilosas, erguidas
esbeltas como modelos
o reinas de belleza, pura.

…y entre tanto, ante espectáculo tal,
maravillado, el sol se derrite sin palabras
sumergiéndose en la distancia
a lo ancho del mar.

Ales Steger

Regreso a casa

En la escalera de caracol,
alrededor de las macetas con flores marchitas,
florece la herrumbre.

Las maletas, llenas de ropa sucia
y antiguas preguntas, me hacen tambalear.
como si de umbral a umbral estuviera mudando desasosiego.

Los últimos cuatrocientos kilómetros estuvimos callados.
Ambos ignoramos si también podremos callar
en el silencio de la llegada.

La mirada en el espejo del baño,
de la que había huido tan lejos,
ni por un instante me ha perdido de vista.

Heber Sorto

Recuerdo

Crecí
imaginando mariposas
en las bisagras de mi casa.

Ayudé
en las cosas cotidianas
y viví como un barco muerto entre veraneantes.

A veces
soplaba sobre los ojos de mi hermana,
cuyas pequeñas pupilas
conocían ya el peso de una montaña sobre un ojo dulce.

Era el tiempo
en que los madreados
estiraban los brazos y lloraban
hasta que yo
lograba dormirlos.

Jorge Galan

Lo terrible

La luz es un cadáver que flota inadvertido.
Sus pupilas decrecen sobre nuestras pupilas.
Ese sol de esta tarde no es real:
es una gota espesa de llanto inmaculado
que cae sin descanso y flota y cae.
Ni siquiera es real su eternidad.

La muchacha que amé olvidó su nombre.
Hoy es un cuerpo intacto que no puedo llamar.
La muchacha que amé ya no regresa,
bebe su café a solas cada tarde,
le palpa el rostro un viento sin memoria.
Nada que nos recuerde podría regresar.

La muchacha que amé se duerme sola,
ella toda penumbra: ya no puede soñar.

Se va y camina sola y siente frío,
quiere abrazarme y no encuentra sus brazos.
La muchacha que amé no puede más.

Si espera bajo el sol siente más frío,
pero ella espera, cree, no distingue
que ese sol de esta tarde no es real.

(de El día interminable)

Ernesto Proaño

Pelea Conyugal

Se divisa la muñeca
y de hora en hora contrapesa
agravios a la
cuenta bancaria

la muselina en la cama
los desgarros
él irrumpe

yerto un párrafo
un ogro de pasos

y eros al fin de vacaciones

(De Espectrograma de Naún Briones y de la razón pura, 2000)

Kenny Rodriguez

Caos

Ahora no sé
cual es mi signo,
el significado de mi díada,
el sonido de mi nombre,
la dimensión de mi pasado,
la casa celeste de mis astros.

Todo se conjuga
en tu espejismo,
voy contigo
en cada mililitro
de mi sangre,
con los cinco sentidos
bajo cero,
tratando de trocar
tu inexpugnable
corazón.

Raquel Cañas

Antiterroristas

Nos rebelamos al terror de escudos y bastones
a la asfixia del gas lacrimógeno
a la mortalidad de las balas de goma
Nos rebelamos al terror del desempleo
del campesino sin tierra y los tratados comerciales
Nos rebelamos al terror del hijo muerto por diarrea
y a la vejez sin prestaciones
Nos rebelamos al terror de salir a la calle con bolsillos vacíos
en esta ciudad de aterrorizantes centros comerciales
Nos rebelamos al terror de olvidar quiénes somos
olvidando nuestro origen y a nuestros padres
Nos rebelamos al terror del delincuente
que se rebeló al terror de la miseria
Nos rebelamos al terror del silencio
o el asentimiento hipócrita y mezquino
Nos rebelamos al terror de los que libran batallas del imperio
en tierras de oro negro
Nos rebelamos al terror de una indigna muerte
Así que señor presidente nosotros somos antiterroristas
y este pueblo ha de aplicarle su ley
y más le vale que se aterre.

Luis Alvarenga

Campos de Diana

La caravana de los días
pasa con sus falsas ocupaciones.
Busco otra manera
de preguntar por esa facilidad,
de decir sencillamente
la grandeza del ínfimo equipaje del hombre.
Y no hallo más cosa
que contar esta historia
de una semilla ciega
que no subió al carro de Diana.

*
Mínimo mundo, el que brota
cuando buscamos más allá
de nuestras manos entrelazadas
en el segundo eterno de la sal.
Eres el grano perdido en el delirio de gigante
que tiene el mar.
Mínimo mundo, y sin embargo,
¡tú soportas en los hombros
la esperanza!

*
A los anuales ritos de Diana
no concurrió hoy la esfera.
Rota es la magia diminuta.
Roto su navío, cuando jugaba
a contar gaviotas.
¿Qué palabra hay
para cuando amanezco
arrojado de las puertas del mundo?

*
Lo que me queda
es la ciudad que me persigue.
Se introduce en mis venas
como extraño deliquio de la destrucción.
Mis palabras no logran irse con el aire.
No soy el que propicia levaduras,
el que panifica el silencio.
Tan sólo me describe
el temor al acantilado.

Mercedes Seeligman

Futuro

Tendiste al sol tus inquietudes
y lastimaste tus alas de gaviota…

Pensar que el mundo se detiene
porque has partido
es como agarrar el suspiro de una luz eterna

Nada será igual, es verdad.

Hoy las soledades cantarán en mi mano
y extenderé los brazos al pregón de la vida


(Del poemario inédito Mixtura)

David Morales

EL SALVADOR (1966)


Como sombra

A la noche me debo y a la muerte,
al amor de la hierba sombría,
a la tumba feroz de los montes,
a la bala que truena y al cielo.

A la caza fugaz de la piel,
al temblor sobre el vientre del barro,
al hambre del llanto y del pan,
a la luna gritando me debo.

A la carne sangrando, a la muerta llorando,
a los niños bajando la estrella,
a la madre cargando el dolor.

A las flores inútiles del pobre,
al corazón funerario de los días,
al túnel indescifrable de tu voz.

Siempre como sombra. Como sombra siempre.

Alvaro Dario Lara

Homenaje a Luis Cernuda
A los 40 años de su muerte

Sólo sabía decir palabras.
Sus palabras contundentes hacia el techo.
Sus palabras incendiando la quietud de los espejos.

Soledad y cruel abandono para el alma.
Así vagó. Así vivió, Luis Cernuda
el hombre más valiente
que dictó la flor oscura y verde
del extraño amor que se arrastraba
por los túneles y callejuelas
de aquella España irremediablemente desangrada.

Luis Cernuda
conjugando nubes y olvido.
Un río esperando el alba.

Crece la desolación
anulando todas las quimeras.
Se yerguen de pronto, otras imágenes.

Ahí no existían horarios ni citas.
Nudo de la corbata para llegar
puntual a los destinos.

Sólo había un cuerpo resplandeciente.
Un búcaro, un junco
abierto hacia la interminable noche
hacia la fría madrugada
de las más suprema elegía.

Él sabía que la dicha
era un engaño de los dioses.
Como Góngora
comprendía
la universal metáfora de la rosa.

Esplendor de lo fugaz.
Brillo que apenas dura un instante.
Así buscó el amor.
Así negó el amor.

Ahora, Luis Cernuda, el de los tactos
y las miradas que descubrían un cuerpo
tras las rústicas ropas.

Mira, como todos seguimos aquí,
sembrando girasoles en la luna
bebiendo del agua azul de los recuerdos.

Encontrando siempre nuevos rostros
soltando la misma estrella
creyendo férreamente
en la fábula de las alas.

Así, las cosas, en tu 40 aniversario, querido Luis,
poeta, Luis Cernuda.

Pedro Valle

Malas noticias

El estado del tiempo
es un periódico
hojeado a la siguiente página
Días que como nubes negras
cabalgan hacia el país
de los sueños
Rutina asfixiante
de presagiar goteras
en el tejado del pecho
Hijos del odio los hombres
sólo enarbolan
la canción triste de la muerte

Wilfredo Peña

Poeta Nuestro

Poeta nuestro
que estás en el exilio
santificados sean tus versos
léanse tus poemas en El Salvador
así como se leen en Nicaragua.
La libertad de expresión dánosla hoy
y no perdones a quien te despatrió
así como nosotros
-que también somos poetas-
no olvidamos a quienes nos censuran.
No nos dejes caer en el panfleto
y líbranos de la represión.
Así sea.

(1986)

(De Tragaluz)

Yanira Soundy

María

La muerte llega con un gesto de burla, a quebrar su nombre entre las fábulas.
María, más pequeña que un dedal, detiene el paso.
Al verla, los árboles se empinan sobre sus raíces, con una curiosidad
que los agiganta. Y ella, traslúcida, descalza, débil, recién desgajada
en la noche, cae contra el suelo.
Todo su mundo está dentro de un bote de vidrio, donde desaparecen los
aromas frutales y el canto áspero de los grillos.
María no conoce más que las hilachas de un harapo perdido, la basura
de un parqueo, las moscas, las navajas, y de como apagar la sed
de los perros callejeros.
Derrotada, torva y trágica, desanuda el miedo en las luciérnagas.
Le tiemblan las rodillas, mientras su vientre se contrae. Vuela entre
sus piernas un cometa de luz.
No hay carruajes de princesas, sólo una niña sin sonrisa con puñales hendidos
en los sueños, y una impotencia que ahoga mi palabra.

(De Los niños viejos)